Que los delitos de abusos sexuales infantiles no prescriban

Miguel Ángel Hurtado sufrió abusos sexuales cuando tenía 16 años a manos de un cura de 60, jefe del grupo de jóvenes católicos al que acudía."Un lobo con piel de cordero", como lo describe él. Tardó años en armarse de valor y vencer la vergüenza y culpa que le silenciaba. Para entonces, aunque sólo tenía 22 años, ya era tarde: el delito había prescrito.
En España, la prescripción varía según la gravedad del abuso, pero los años siempre cuentan a partir de la mayoría de edad de la víctima; los más leves prescriben a los tres años y los más graves, a los 15. "Eso quiere decir que, en el peor de los casos, cuando la víctima cumple 33 años, denunciar ya no le sirve de nada", considera Hurtado.
Por eso ha decidido poner en marcha una iniciativa en Change.org para que estos crímenes nunca prescriban; ya ha recopilado más de 300.000 firmas.
Armado con ellas y con juguetes de niños abusados metidos en urnas, se ha presentado este miércoles frente al Congreso de los Diputados. Lo han acompañado Gloria Viseras, excampeona olímpica que sufrió abusos a manos de su entrenador, y Vicki Bernadet, presidenta de la fundación homónima, que ayudó a ambos a enfrentarse al trauma.
"Muchos no entienden por qué tardamos años en denunciar. Es sencillo: ​el abuso sexual a menores es siempre abuso de poder. Los pedófilos saben cómo elegir a víctimas vulnerables. Se esconden tras una fachada de personas respetables o formar parte de instituciones prestigiosas que los protegen”, explica este psiquiatra residente en Londres.
Viseras aporta más información: "Esa idea que se tiene de que te asaltan por la calle... No, el problema es que suelen ser personas de confianza. No pasa de un día para otro. Hay un periodo de preparación de la víctima. Antes de que ocurra el abuso, se han traspasado líneas antes. Hay que trabajar en detectarlas".
Otra de las razones por las que las víctimas no denuncian es que "la sociedad siempre da más credibilidad al adulto que al niño", en opinión de Viseras. "De media, las víctimas tardan de 15 a 20 años en confesar, si lo hacen. Yo tardé 30 años en confesarlo, y lo hice porque sabía que había otras", añade.
Bernadet señala un aspecto que a menudo pasa desapercibido: "Cuando hacemos charlas, veo que la gente conecta con los abusos sexuales como cosas que pasan 'en la sociedad', no a ellos. Aunque duela, debemos ser conscientes de que es una posibilidad".
"EL PEDERASTA QUE NO SE CONDENA ESTÁ EN LA CALLE"
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Petición al Gobierno y al Parlamento para que los delitos de pederastia no prescriban: AQUI